jueves, 7 de enero de 2010

ÁNGELES EN PAPEL (Ensayo de fotografía)


“He estado mirando tanto tiempo estas fotos tuyas,

que casi creo que son reales”

-THE CURE



La luna refleja la luz del sol en los ríos que corren a través de las montañas. La luz colorea los prados y las paredes, nos permite ver los infinitos tonos policromáticos a nuestro alrededor. Ilumina el cielo gris que se cierne sobre los callejones, por donde corren los niños, juegan y ríen.

-Hay mucha belleza en este mundo y tan sólo apretando este botón en mi cámara, puedo robarle al tiempo un momento. Atraparlo aquí, dentro de esta cajita –me comentó Pitt fotografiando un gato muerto en el pavimento-. Este momento jamás será tocado por el tiempo, comido por los gusanos. Lo he rescatado, asegurado para la eternidad.

A veces, cuando miro el mundo, sólo a veces, me siento impotente ante su majestuosidad, ante su belleza. Me parece tan irreal. Tan lejana e intocable, como la imagen dentro de la fotografía.

Todo rededor parece plano, imágenes sin volumen que se expanden más allá de mi vista, que escapan al alcance de la cámara, como esos árboles de flores moradas que dejan caer sus pétalos sobre el abrazo de dos enamorados, en el papel tapiz de alguna recamara, invitándote a pasar a recorrer su contenido, tentándote a entrar en él y si no tienes cuidado, puedes quedar atrapado dentro, como esos jóvenes en la fotografía.

Continuamos nuestro camino siguiendo a los niños por los callejones hasta que llegamos a una enorme carpa de circo. En donde filas y filas de infantiles piececitos se formaban uno tras otro. Aun me pregunto ¿en donde estará el resto de sus cuerpos?

Una niña, demasiado hermosa para ser real, pasó frente a nosotros tomada de la mano de su madre. Pitt inmediatamente tomó su cámara, encuadró, enfocó perfectamente. La iluminación era adecuada, la profundidad ideal, incluso la pequeña volteó abriendo sus ojos y sonriendo trágicamente. La imagen perfecta.

Pitt disparó el obturador en el momento y lugar debidos. Utilizó la cámara de forma tan eficaz, que dudé en decirle que no quitó la tapa del objetivo. Y pues así, el momento se ha perdido, diluyéndose en el tiempo.

La casualidad, es así como pasan las cosas, por el sinrazón, por estar en el lugar y momento oportuno para que se den las cosas.

Una joven nipona viaja en un colectivo. Entonces el transporte se detiene dejando subir a un muchacho, que se sienta junto a ella y le sonríe. Ella le devuelve la sonrisa y le dice: –hola, soy Noemi-. ¿No es así como se supone pasan estas cosas?

Una joven nipona viaja en un colectivo, entonces el transporte se detiene dejando subir a un muchacho, que se sienta junto a ella y le sonríe. Ella le devuelve la sonrisa y le dice: -soy lesbiana-, me gustaría captar ese momento…

Pitt interrumpió mis pensamientos señalándo, que cerca de la carpa en donde estaban los animales, estaba también el Vato Pirado fumando marihuana. Nos acercamos a saludarlo.


- ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver el circo.
- ¿Por qué no has entrado?
- No tengo dinero.

Ese comentario nos recordó que nosotros tampoco teníamos un peso. Nos sentamos con el Vato Pirado durante un rato hasta que señalando la cámara comentó: -cuando tomas una fotografía, capturas a un ángel y lo matas. Es su cuerpo luminoso el que impregna las imágenes en la película al chocar contra la oscuridad.

-Eso o en realidad nosotros estamos dentro de la caja oscura y cada fotografía que es tomada, abre una ventana al exterior- agregué yo.

-La fotografía es la cristalización en documento de la memoria, es para que nos recuerde los momentos vividos cada vez que las veamos. Además es una forma de ver el mundo a través de los ojos de quien las toma ¿Quieren entenderme? Miren mis fotos.

Nunca lo hice, nunca reveló ninguna.

En ese momento salió de la carpa un payaso, con su verde peluca empolvada, el colorido maquillaje escurriendo sobre su ridículo saco anaranjado, bajando por sus anchos pantalones hasta sus enormes y gastados zapatos que parecían querer hablar.

Desorbito sus ojos blancos, forzó su roja sonrisa, y lloró.

Poe inmediatamente tomó su cámara, esta vez, cuidando de quitar la tapa del lente y disparó pretendiendo robarle otro momento al mundo.

El payaso se dio cuenta de la acción y con iracunda expresión, con rabia saludando desde sus ojos ordenó: –¡dame ese rollo! ¡No quiero que esa foto ande rondando por toda la ciudad!

Poe bajó la vista, tomó su cámara y la abrió. Estaba vacía. Todos quedamos sorprendidos y extrañados de sorpresa.

¿Donde quedaron los momentos que tanto se había preocupado en capturar?

-¿Para qué matar a los ángeles? –dijo-, al final, los recuerdos como las fotografías, se toman, se miran, se guardan y se olvidan.


Escrito por Omega

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