“He estado mirando tanto tiempo estas fotos tuyas,
que casi creo que son reales”
-THE CURE
La luna refleja la luz del sol en los ríos que
corren a través de las montañas. La luz colorea los prados y las paredes, nos
permite ver los infinitos tonos policromáticos a nuestro alrededor. Ilumina el
cielo gris que se cierne sobre los callejones, por donde corren los niños,
juegan y ríen.
-Hay mucha belleza en este mundo y tan sólo
apretando este botón en mi cámara, puedo robarle al tiempo un momento.
Atraparlo aquí, dentro de esta cajita –me comentó Pitt fotografiando un gato
muerto en el pavimento-. Este momento jamás será tocado por el tiempo, comido
por los gusanos. Lo he rescatado, asegurado para la eternidad.
A veces, cuando miro el mundo, sólo a veces, me
siento impotente ante su majestuosidad, ante su belleza. Me parece tan irreal.
Tan lejana e intocable, como la imagen dentro de la fotografía.
Todo rededor parece plano, imágenes sin volumen que
se expanden más allá de mi vista, que escapan al alcance de la cámara, como
esos árboles de flores moradas que dejan caer sus pétalos sobre el abrazo de
dos enamorados, en el papel tapiz de alguna recamara, invitándote a pasar a
recorrer su contenido, tentándote a entrar en él y si no tienes cuidado, puedes
quedar atrapado dentro, como esos jóvenes en la fotografía.
Continuamos nuestro camino siguiendo a los niños
por los callejones hasta que llegamos a una enorme carpa de circo. En donde
filas y filas de infantiles piececitos se formaban uno tras otro. Aun me
pregunto ¿en donde estará el resto de sus cuerpos?
Una niña, demasiado hermosa para ser real, pasó
frente a nosotros tomada de la mano de su madre. Pitt inmediatamente tomó su
cámara, encuadró, enfocó perfectamente. La iluminación era adecuada, la
profundidad ideal, incluso la pequeña volteó abriendo sus ojos y sonriendo
trágicamente. La imagen perfecta.
Pitt disparó el obturador en el momento y lugar
debidos. Utilizó la cámara de forma tan eficaz, que dudé en decirle que no
quitó la tapa del objetivo. Y pues así, el momento se ha perdido, diluyéndose
en el tiempo.
La casualidad, es así como pasan las cosas, por el
sinrazón, por estar en el lugar y momento oportuno para que se den las cosas.
Una joven nipona viaja en un colectivo. Entonces el
transporte se detiene dejando subir a un muchacho, que se sienta junto a ella y
le sonríe. Ella le devuelve la sonrisa y le dice: –hola, soy Noemi-. ¿No es así
como se supone pasan estas cosas?
Una joven nipona viaja en un colectivo, entonces el
transporte se detiene dejando subir a un muchacho, que se sienta junto a ella y
le sonríe. Ella le devuelve la sonrisa y le dice: -soy lesbiana-, me gustaría
captar ese momento…
Pitt interrumpió mis pensamientos señalándo, que
cerca de la carpa en donde estaban los animales, estaba también el Vato Pirado
fumando marihuana. Nos acercamos a saludarlo.
- ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver el circo.
- ¿Por qué no has entrado?
- No tengo dinero.
Ese comentario nos recordó que nosotros tampoco
teníamos un peso. Nos sentamos con el Vato Pirado durante un rato hasta que
señalando la cámara comentó: -cuando tomas una fotografía, capturas a un ángel
y lo matas. Es su cuerpo luminoso el que impregna las imágenes en la película
al chocar contra la oscuridad.
-Eso o en realidad nosotros estamos dentro de la
caja oscura y cada fotografía que es tomada, abre una ventana al exterior- agregué
yo.
-La fotografía es la cristalización en documento de
la memoria, es para que nos recuerde los momentos vividos cada vez que las
veamos. Además es una forma de ver el mundo a través de los ojos de quien las
toma ¿Quieren entenderme? Miren mis fotos.
Nunca lo hice, nunca reveló ninguna.
En ese momento salió de la carpa un payaso, con su
verde peluca empolvada, el colorido maquillaje escurriendo sobre su ridículo
saco anaranjado, bajando por sus anchos pantalones hasta sus enormes y gastados
zapatos que parecían querer hablar.
Desorbito sus ojos blancos, forzó su roja sonrisa,
y lloró.
Poe inmediatamente tomó su cámara, esta vez,
cuidando de quitar la tapa del lente y disparó pretendiendo robarle otro
momento al mundo.
El payaso se dio cuenta de la acción y con iracunda
expresión, con rabia saludando desde sus ojos ordenó: –¡dame ese rollo! ¡No
quiero que esa foto ande rondando por toda la ciudad!
Poe bajó la vista, tomó su cámara y la abrió. Estaba
vacía. Todos quedamos sorprendidos y extrañados de sorpresa.
¿Donde quedaron los momentos que tanto se había
preocupado en capturar?
-¿Para qué matar a los ángeles? –dijo-, al final,
los recuerdos como las fotografías, se toman, se miran, se guardan y se
olvidan.
Escrito por Omega
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