![]() |
| Añadir leyenda |
Es verdad, he estado algo enfermo como bien te han enterado. Cierto es que están sorprendidos de que adolezca de algo como esto siendo tan joven, y sí, he estado en cama, pero de eso a que me esté muriendo ¡tonterías!, es cosa de reposar unos días nada más, porque como dicen: soy joven.
En cuanto a lo que me platicas, que bien que estés feliz, que bien que tengas planes y todo lo demás, pero la verdad es que no, no me interesa.
No me importa ni me inquieta con quien te acuestes, ni el nombre del juguete que ocupa mi espacio en el corazón que dejé tirado: ese placebo que usas para mitigar el dolor. Es más, ni siquiera me importa si te duele, si piensas en mi alguna vez, o si me echas de menos.
¿Entiendes? Yo no te extraño, ni te añoro, ni te pienso, ni me interesa tu vida.
Ni me pregunto como estas.
Es mi pene el que pregunta por tu culito rico y feliz algunas veces. Mis manos echan de menos aferrarse a tus caderas, jugar carreras en tu espalda hasta tus hombros o tus piernas. Mis dedos, buscan entrelazarse con los tuyos por las noches. Mi piel extraña tu piel, mi pecho a tus senos y mis piernas enredarse contigo entre las sabanas de enero y marzo.
Mis pasos pierden el rumbo sin tus pies. Mis ojos sin tu mirada, extrañan tu sonrisa. Mis oídos, el tono de tu voz, tu forma de reír, de llorar, de pelear, de gritar, de gemir arañándome la espalda quien también -por cierto- pregunta por ti.
Mi boca no cesa de repetir tu nombre, ni de estirar los labios buscando a los tuyos y a la suavidad de tu piel abdominal, ni de describir tu espina dorsal con la lengua intentando paladear alguna gota de sudor que hallas dejado en el ambiente. La pobre por las noches busca tu cuello en las almohadas. Extraña morder tus mejillas al amanecer y las palmas de tus manos; besar tu ombligo, tus muslos, ¡y tus pies y tu vagina!, y el sabor que de ella emana.
Y la ausencia de su olor tiene a mi nariz muy deprimida. La noto cada vez más delgada y me preocupa su salud. Se pasa las tardes enteras oliendo la ropa que olvidaste en mi apartamento, pues como sabes, se alimenta del perfume de tu cuerpo. Y luego busca restregarse en tu cabello, pero se ha tenido que conformar con una fotografía que le puse en el espejo.
A mi cabeza por su parte le ha ido fatal. Busca la tuya para recargarse ¡y ya no está!, luego busca tus hombros con el mismo resultado, y sigue cayendo mas y mas bajo, donde ni tu pecho, ni tus manos la sostienen. Da vueltas por toda la casa buscando tu regazo, pero al final opta por cobijarse en una esquina, donde se recarga para quedarse dormida. Sospecho sueña contigo, y no deja de tomar aspirinas.
A veces me trae su cabello para que juegue con él, pero la verdad es que yo no sé qué hacer.
Mi siempre inquieto corazón ha dejado de brincar; mi alma me reprocha tonterías como que no te haya buscado o que te haya hecho sufrir. Y las flores del jardín que no te he dado esperan que las vengas a cortar.
El cielo luce desanimado desde mi ventana, el invierno esta de malas y el mundo ni me dirige la palabra. Pero eso en lo que a ellos respecta, porque la realidad es que yo sigo igual. Sigo sin poder dormir, sigo yendo a trabajar, y voy a los mismos lugares que solíamos frecuentar (al camarero le extraña verme sin ti, y las mucamas del motel me ponen mala cara porque voy con otras mujeres).
Como vez no me haces falta. No te necesito, ni te extraño, ni te añoro, ni te sufro… ni me arrepiento.
¡A mí no me importas, no! ¡Es mi cuerpo el que te reclama! ¡Es mi mente la que te piensa, te sueña y te llama! ¡Es ella, no yo!, ¡yo no me caigo a pedazos, no!, es el mundo el que se derrumba… Son los ángeles los que suspiran, y es el cielo el que se sale por mis ojos en gotitas de cristal.
Y no soy yo quien se muere... es mi corazón, que te ama.

No hay comentarios:
Publicar un comentario