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sábado, 15 de enero de 2011

Gramaticalmente incorrecto


Don Viejito era un hombre de edad avanzada. En su juventud no había hecho nada con su vida, pero ya maduro lo había abrazado un amor por las letras y el conocimiento tal, que le daba por inventar historias y contarlas como anécdotas que demostraran su sapiencia. Amaba usar palabras rebuscadas como: patíbulo, narigoneado, escarpín, policromático o rebuscado. Por ejemplo:
-El otro día me sentí mal del corazón –decía- así que tuve que ir a que me atendiera un ornitorrinco.
Del mismo modo, se sentía tan docto en las letras que continuamente inventaba nuevos modos para conjugar los verbos, por ejemplo:
-¡Ho Dios! En África la gente no se avergonzona de andar desnuda.
Pero estas faltas a la lógica y a la gramática pasaban desapercibidas en su comunidad, muy por el contrario, la gente le estimaba tan experimentado como intelectual pues vivía en un pequeño pueblo alejado de la civilización, las escuelas y los libros.
Había ido a dar ahí por su esposa. Se habían conocido en un pueblo cercano. Él le contó que venía de recorrer el mundo, aunque solamente había cruzado un río para salir de su pueblo.
Tuvieron una hija a la que llamó Páncreas, -como la reina romana- decía.
El amor que ambos sentían por su Páncreas era tanto que quisieron hacer de ella una mujer de conocimientos.
-Sería una tristosidad que mi hija no aprendiera a parlar con la propiedad que me cacariza –decía ufano.
Así la mandaron a estudiar a la gran ciudad. Y estudió, aprendió matemáticas y física, historia y geografía, pero sobre todo, aprendió el uso de las palabras que tanto amaba su padre. De tal modo que la primera vez que volvió a casa, se horrorizó al oír a su padre hablar sobre los perros que acababa de adoptar.
-¡Esta enjambria de canudos! Comen como diablos, pero son fieles los animalitos.
Desde luego se refería a una jauría de canidos, y como en su pueblo todos lo entendían y ella lo amaba tanto, jamás intentó corregirlo. No quería herirlo al exponer su ignorancia.
Sin embargo un día Don Viejito decidió visitar a su hija de sorpresa en el colegio. Se presentó vestido con un saco viejo parchado en los codos, unos lentes de botella y una pipa, porque según él, le transferían un aspecto intelectual.
Pronto entabló plática con los maestros de su niña. Al de geografía le contó sobre sus viajes a las montañas rusas. Al de ciencias naturales le explicó que la monogamia es una especie de chango sudamericano, y los escrúpulos una variedad de moluscos. Al de física le dijo que la gravedad está en que ya nadie se preocupa por las letras, y al de letras le juró que:-en la Pantagónica hace tanto calor que me estaba fritando.
En ese momento la vergüenza que Páncreas sintió fue tan grande que no pudo contenerse y lo enfrentó delante a toda la academia:-¡¿fritando?, ¿fritando?! ¿Me puedes explicar de qué verbo es ese tiempo?
-Del verbo fritar, por supuesto –respondió Don Viejito.
            -¡Se dice freír! –Exclamó ella furiosa-. ¡Freír! Deja de decir tonterías.
-¡Por Dios, querida! que penosidad –dijo el padre apenosiado-. Van a pensar que no sabes expresarte.
Entonces Páncreas no pudo más, y en franco berrinche le grito: -¡me avergonzonas papá, me avergonzonas! –y salió llorando del salón.
-Disculpen a mi hija, es que no ha viajado –dijo Don Viejito, que se sintió tan avergonzonado que tomó a su hija de vuelta al pueblo, donde la casó con un zapatero.
Por su parte él murió en 1916. La Real Academia incorporó el verbo fritar al diccionario desde 1925, como sinónimo de freír, y aun se discute si el uso de la lengua ha madurado lo suficiente para incluir el resto de los aportes que Don Viejito hizo a esta materia.

FIN


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lunes, 10 de enero de 2011

Gramaticalmente incorrecto...

Hay veces -no pocas veces- que recuerdo el jardín botánico. Y sonrío, y sonrío y sonrío. Una y otra vez… es como una sucesión de lágrimas de felicidad que no caen por mis mejillas sino simplemente aparecen en mis labios: como volver a respirar el olor de los árboles o estar tumbado en el pasto, y entre las hojas se asome el sol. ¿Qué pensará la gente cuando me ven pasar entre ellos y voy sonriendo?

¿Te has parado de manos y dado un beso, o sentido en una caricia que entiendes todo lo que eres y todo lo que quieres ser? ¿Y que te exiges cada día una mirada, una sonrisa, cada día un poco más?


Niña abre los ojos que quiero ver el azul del mar

niña no respires tan fuerte

que te llevas mi alma inmortal

no tomes entre tus manos las nubes

que te llevas al sol.

Déjame escucharte sonreír. Déjame creer, que cuando me acuesto y creo dormir escucho entre sueños mi sonrisa. Sé que eres Tú la que está ahí, y aunque a veces en los rayos del sol veo tú reflejo, o simplemente en mis ganas encuentro todo lo que un día buscaba…

A estas horas aquí -de aquí a que salga el sol- sonreiré.

O tal vez me levante, tome un cigarro y camine sin prenderlo. Total… puedo y quiero hacerlo. Sin razones o motivos que el corazón entienda. Puedo y voy a hacerlo.

De aquí a que salga el sol.

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