por Marco Antonio Rodriguez
Hoy, por fin me he armado de valor para decírtelo. Por favor Limítate a escuchar y déjame desahogarme.
Odio que me hayas dejado entrar en tu vida, en tus ideas y en tus momentos.
Odio haber sido espectador en todo momento. El primero en aplaudirte desde la tribuna por tus éxitos, pero el último en abrazarte por tus logros.
Odio, las veces en que me quedé esperando tu llamada, odio ser tan estúpido y creer que la harías.
Odio haber buscado en tus ojos, en tu mirada, la aprobación sobre todo lo que hacía.
Odio haber esperado las gracias, y la mirada coqueta tras de ellas, después de servirte como siempre.
Odio, haberte esperado cada día, tarde y noche para ser lo primero que se cruzara en tu mente.
Odio pensar en ti.
Odio como se me olvidaba todo lo que te odiaba cuando estabas conmigo.
Odio haberte sido incondicional, el tonto que siempre estaba allí.
Odio haber sido tu amigo.
Odio tu mundo, tu vida y tus amistades.
Odio que todos te quieran, y que me hayas querido a mí como querías a todos.
Odio el día en que te conocí.
Odio haberte defendido y protegido. Odio que las heridas me las hicieran a mí en tu lugar.
Odio soñar contigo.
Odio los besos que jamás me diste.
Odio las noches que no dormí pensando en ti.
Odio haberte llorado.
Odio los celos que me causaban tus amigos.
Odio haberme sentido utilizado.
Me odio a mi mismo, por no poder olvidarte.
Te odio.
Odio nunca haberte dicho nada de lo anterior.
Odio que te hayas ido.
Odio estar sentado sobre tu tumba en este momento.
Odio seguirte odiando después de tantos años...
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