jueves, 20 de mayo de 2010

AGUALEGRE



Como ya se me acabaron los cuentos (aunque no los he publicado todos), y no sé cuando volveré a escribir uno si es que vuelo a hacerlo, comenzaré con las anécdotas y reflexiones en esta suerte de literatura conocida como blogeratura.

Para ser autor de blogeratura sólo se necesitan dos cosas: escribir mamadas y tener un blog. Como tengo la segunda y se me da la primera pues vamos a darle.

Quiero comenzar con una declaración: nunca te cases o te juntes con alguien que tenga menos dinero que tú. Para eso trabaja uno, para aguantar pendejos a cambio de dinero.

Así que como aquello de aguantar mamadas de grapa y además poner de mi varo pa’ seguir aguantándolas no se me da, ahí dejé a mi vieja haciendo su berrinche por sólo ella sabe que, y me fui al río.

Agualegre se encuentra ubicado en el municipio de Coatepec, Veracruz. Digamos que esta en el patio trasero del pueblo. Es poco caudaloso, es más, no estoy seguro de que sea un río, tal vez nomás sea un riachuelo.
Bueno, ahí me fui a ser uno con la naturaleza, a meditar, a relajarme… pero los chaquistes me vieron cara buffet.

De un lado del camino hay una especie de finca con vacas simpaticas de esas cotorronas que te saludan con la cola, donde hay tirolesa y puedes cabalgar unicornios.

Cada tantos metros hay pocillas en el río donde la banda se mete a chapotear, la vegetación cambia de tonalidad conforme te vas adentrando en el bosque, y los duendes se dejan ver con mas frecuencia.

Ahí anduve tomándole fotos, al río, a los árboles, a las piedras, siendo uno con la naturaleza y chateando desde mi celular con un cuate de Minatitlán.

De regreso recordé algunas historias que me contaron cuando fui Scout, como aquella donde los duendes te pierden en el camino, o esa donde se te aparece un niñito que te pide que lo sigas…. Y tú de pendejo lo sigues.

Ya cuando me sentí tranquilo, decidí volver a casa, pero llegando, llegando me encontré a mi chava y me volví encabronar.

Así que me retaché, me acomodé en unas piedras y medité. Soy uno con la naturaleza, me decía, soy uno... Y la naturaleza me seguía aventado chaquistes. Pero perseveré (y me rasque mucho) hasta que dejé de sentir los insectos, el tiempo pareció detenerse, percibí con claridad el canto del río, el sonido del viento estrellandose en los arboles, y en la meditación profunda una pregunta vino a mi: ¿Donde estaban estas rocas antes de estar aquí?

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