jueves, 3 de septiembre de 2009

Un montón de sandeces y aberraciones a manera de:INTRODUCCIÓN

Cuando el autor de esta magnifica obra me “suplicó” que le hiciera una entrada, de inmediato me di a la tarea de recopilar toda la información necesaria sobre su haber para poder realizar una buena introducción tanto a su vida, como a su obra. Pero sin esperarlo, oí una vocecilla dentro de mí, seguramente provocada por los excesos alcohólicos de las últimas semanas.

Tal es el caso que mientras arrugaba una tras otra las cuartillas en la vieja maquina de escribir de mi madre, la maldita vocecilla me decía: “Oye tú... ¿Que haces?, ¿no te das cuenta que nadie conoce a David Fernández?, ¿ni siquiera tú mismo?”, y fue precisamente cuando comprendí que no debía hablarles de David Fernández, sino de Omega, o del Marylin.

Ahora bien, Omega no es una entidad física, sino un concepto existencialista seriamente influenciado por el alcohol, la pubertad, la masturbación, los desamores de adolescente y por supuesto por el capitán brocheta, de quien les hablaré en otra ocasión.

Supongo que en este punto es claro que no será posible describirlo en su forma humana, así que mejor les contare una historia sucedida no muchos años atrás, en un lugar llamado “El Mundo de los Sueños”, que aunque suena a cliché cinematográfico, resultó ser nuestro cobijo (del autor y mío) durante años. Lo conocimos por la influencia de un tipo y una mujer alquimistas, que aseguraban poder entrar en los sueños de todo aquel que se los autorizara de propia voz la noche anterior, y aunque pudiera sonar un poco macabro, lo cierto es que lo lograron, bueno, al menos uno de ellos.

En ese mundo, el mismo de donde patearon a mi amigo David Fernández provocando que se cayera de la cama, sucedió de tanto en tanto la siguiente historia, que no contaré completa pues éste no es mi libro, pero estoy seguro que la pequeñísima parte a mostrar resultará más provechosa para conocer al autor, que cualquier descripción cronológica vacía de su vida y pensamiento.

Crónicas de la Azotea

Conocí hace ya varios años, en un vecindario típico de cualquier ciudad en vías de desarrollo ubicado en… bueno eso no es importante, lo importante es que ahí conocí, cuando niño, a Marylin.

Marylin era en ese entonces el cliché puberto de Woody Allen (si, en lo físico también) le encantaba, al igual que a mí, fantasear con historias sobre seres inexistentes que venían al mundo exclusivamente para cortarle la cabeza a otros, y cosas por el estilo. Aun recuerdo que al final nos peleábamos por quien de todos sus amigos (cuando los tenía) se quedaba, dentro de aquella historia, con la cabeza de todos.

Así crecimos hasta llegar a aquella época, días en los que además de interesarnos por espiar a las vecinas y beber alcohol por las noches mientras probábamos nuestras primeras drogas caseras, también comenzamos a introducirnos al patético mundo de las relaciones sentimentales (aclaro que con el sexo opuesto, digo el lector debe saber que no necesariamente la excentricidad de algunos escritores conduce a la homosexualidad).

Es en éste punto donde “Coma Blanco” nace indiscutiblemente. Pues en éste periodo, que duraría unos seis años, aquella azotea con la vista mas perfecta que puedan ustedes imaginarse, absorbió con sus rojas tejas, además de orines, vomito y escupitajos, decenas de historias de amor que casi siempre terminaron como toda historia de amor legítima termina: con un corazón desmembrado y una infame que lo tomó y lo botó en el primer cesto de basura que por el camino se encontró.

Ustedes podrán pensar que eso no es posible pues “nadie podría vivir sin corazón”, y tendrían razón en suponerlo, pero lo que si se puede es vivir con la mitad de él. Obviamente quienes tanto lloraron en aquella azotea tenían que aprender algún día a no estarlo regalando con cuanta maldita conocieran.

En fin, un día mediante una sesión de esas que les platiqué en donde pudimos entrar en el extraño, pero no por eso menos fascinante, mundo de nuestros sueños a través de una técnica ancestral de alquimia que nos enseñaron aquellos sujetos de los que les hablé, logramos tomar nota de algunos pasajes quizá un poco desordenados, pero nada incoherentes, que aquella azotea registró con el paso de los años, y de los cuales les compartiré tres que, me parece, muestran notablemente la evolución espiritual del autor.

Hasta ahí llegaremos con las Crónicas de la Azotea para inmediatamente después presentarles una brevísima descripción de las personalidades del autor, para que el lector conozca mejor al maniático que escribió la obra que tienen en sus manos.

Empecemos con los tres pasajes…

“Amor”

Warika.- ¡Maldita sea! otra vez me dejaron, te necesito viejo ¡necesito aliviar el dolor! Por favor bebe conmigo.

Marylin.- Ok, desembucha ¿ahora quien fue la maldita? ¿La rubia delgadita? ¿Como se llamaba?

Warika.- Si, esa misma. Le di un trozo de mi corazón, y al final, como siempre, ¡lo tiró en el primer bote de basura que encontró!

Marylin.- Suele pasar, tú sigue bebiendo, a este paso, en algunos años no tendrás corazón.

Warika.- Si, así es. Que te sirva de lección, algún día te romperán el corazón a ti también, algún día…

Marylin.- Eso dices siempre. Ya veremos.

Warika.- Tal vez debería buscar a alguien más, ya sabes, un clavo saca otro clavo.

Marylin.- Si. Ya sabes lo que siempre he dicho, “el amor de tu vida siempre es la siguiente”, y cuando termina todo con la siguiente, pues la siguiente, ¿no?

Warika.- Si. Ya he oído eso antes.

“Navidad”

Extraña de pelo largo.- Bueno maldito vago ya nos vamos, ten cuidado de no incendiar la casa y no permitas que tu amigote se beba todo nuestro alcohol.

Marylin.- Esta bien, yo también los quiero, ¡feliz navidad! para ustedes también.

Más tarde…

Warika.- Y bien, ¿que te dejaron para cenar?

Marylin.- Nada, pero tengo suficiente dinero para comprar dos coca colas grandes y quizá una hamburguesa.

Warika.- Mmm, ya sé. Bebamos alcohol, de seguro hay algo por aquí.

Marylin.- ¿Y la cena?

Warika.- Teniendo alcohol, la comida es puro lujo.

Marylin.- Quizá para ti, pero yo no bebo.

Warika.- No hay problema, esta noche cambiaremos eso.

Marylin.- ¡yuju! ¡Bravísimo! Pero en tanto eso sucede ¿que vamos a cenar?

Warika .- Ok, esta bien. Veré que me robo de la casa, nos vemos por la noche.

Marylin.- Así sea.

Por la noche…

Warika.- ¡Ya llegué!

Marylin.- ¿Y la cena?

Warika .- La olvidé, no te preocupes, podemos preparar algo aquí.

Marylin .- ¿Como que?

Warika.- ¿Qué te parece si preparo una pizza?

Marylin.- Fantástico, yo pondré la mesa, y de paso una musiquita.

Más tarde…

Marylin.- Hmm ¡que rico estuvo eso!

Warika.- ¡Lo sé, ahora a beber!

Aún más tarde…

Marylin.- Hmm, ¡Quuee ricooo eztubbo eso!

Warika.- ¡Loooc sé!, presientop que se harap una tradicionp.

Marylin.- ¿Prepararr pizzza o beeber Alcohol?

Warika.- Losss doss…


“Miedo”

Marylin.- Tengo frío y miedo.

Warika.- Es natural, abusaste mucho de la droga.

Marylin.- No, tú no entiendes. Hoy estuve sentado por seis horas en la banca de aquel parque, y pues… fue muy duro.

Warika.- ¡Ah! Es cierto, hoy hubieran celebrado un aniversario más, pero en fin. Deja de lamentarte ¿no vez que la maldita está muerta?

Marylin.- Tienes razón, se me olvidaba ese pequeño detalle. ¿Vas a salir hoy? Tienes días sin salir a buscarla, ¿o es que piensas que el amor de tu vida vendrá por si sola a tocar tu puerta?

Warika.- La verdad es que tengo miedo.

Marylin.- ¿De que?

Warika.- De no encontrarla nunca, o de encontrarla y que no sea especial, o quizá de salir y caminar por la acera equivocada, o que se yo, ¿y si es hombre? o ¿si le falta un ojo? o peor aun, ¿que tal si ella se confunde y en lugar de encontrarse conmigo se topa con otro cabrón y se casa con él? Si, imagina eso, no puedo permitir que otro me la robe.

Marylin.- ¡Mmm!

Warika.- No, no lo permitiré, todo debe salir como lo planeé: deberé salir a caminar por la tarde, justo cuando el sol se pone, y cuando comience a llover la veré mojándose afuera de la famosa cafetería, estará llorando y tratará con todas sus fuerzas de prender un cigarrillo, y entonces llegaré yo.

Si. Y sacaré mi encendedor negro y prenderé su cigarrillo, después nos tomaremos de la mano y entraremos a la cafetería para al final planear el resto de nuestras vidas juntos.

Marylin.- Estás mal hermano,

Warika.- Lo sé.

Marylin.- Tengo frío y miedo

Warika.- Lo tengo que hacer, terminando este churro ¡correré a buscarla!

Marylin.- Eso no es posible, son las tres de la mañana.

Warika.- ¡Diablos! ¿Sabes que? De este lado da risa, pero de este otro da MIEDO…



A estas alturas imagino y pretendo creer que todos saben que Marylin , Omega , etc. y el autor son la misma persona. Obviando lo anterior quiero hablarles un poco de Memo, Marylin, Pelón, Omega y David Fernández y las frases que marcaron el desarrollo mental del autor.

Memo, era el niño blanco común y corriente, crecido en una familia común y corriente que vivía, pues… una vida común y corriente

Frase clave, nacida en el colegio, cuando cierto profesor lo reprendía por conductas antihigiénicas en el salón de clases: “De algo hay que vivir”.

Marylin, fue y sigue siendo la parte rebelde de Memo que tantos problemas familiares le ha causado, al grado de ser cuasi-demandado por su madre por lo que ella denomina “actos inmorales”. No me consta, pero estoy seguro que alguna vez probó alguna droga bajo esta personalidad, lo cual no seria raro pues Marylin es alcohólico. Marylin fue el primero en escribir cuentos cortos y novelitas fantásticas. Marylin es mi amigo.

Frase celebre, originada una ocasión cuando hizo un campamento estilo scout en la banqueta afuera de su casa durante dos días, y lo reprendieron por hacer una fogata a la orilla de la calle, la cual comprometía la seguridad del vecindario: “Wey, soy un vago”.

Pelón, es la transición entre Memo y Marylin. Seguramente se masturbaba demasiado (No conozco esta personalidad, pero de seguro al autor le gustar que la mencione).

Omega, es la etapa de desmadre organizado en la vida de Memo. Surge si no mal recuerdo, con la madurez de Marylin, es decir cuando el tipo era ya, lo que denominamos un ¡Malandrinazo! En esta etapa el señor ya se tomaba sus tragos frecuentemente sin esconderse de nadie, fue aquí cuando comenzó su duro trayecto hacia sus estudios superiores, pasando por varias escuelas en varios estados de la republica. Este tipo tenía y tiene hasta hoy la habilidad de sobrevivir sin dinero y sin comida, de lo cual no puedo revelar el secreto, pues como buen mago me pidió no hacerlo jamás. Tengo que decir también que Omega se enamoró una vez en su vida como loco y jamás lo volvió a hacer, aunque esta seguro de no haber encontrado aun al amor de su vida. Quién sabe, podría estar cerca, ¿no?

Frase importantemente notable, que surgió en su época de estudiante foráneo en alguna universidad lejana después de tres días sin comer: “Estoy muy débil, pero wey, Tengo que escoger entre comer o ir a la escuela”.

David Fernández, es quien se robará los créditos del libro escrito por Marylin y Omega. Yo casi no lo conozco, y creo que nadie lo ha escuchado. Pero según entiendo, tiene como objetivo seguir escribiendo, y en su oportunidad hacer cine. En fin, es el prestanombres, que absorberá el éxito y fracaso de todos los “Yo” de David Guillermo Fernández Brindis. Espero saber de él muy pronto, pues eso querrá decir que la gente leyó sus blasfemias, y que está comprando sus libros.

Después de tanta faramalla sólo me resta decir que “Coma Blanco”, es existencialismo muy mexicano, basado en personajes sin aspiraciones, por no decir gente normal, que se desarrollan en un ambiente muy urbano y viven sus vidas de la manera en que estas les resulten más soportables.

El lector encontrará en las páginas siguientes, páginas tan digeribles como cualquier novela corta, pero tan audaces, obscuras y maquiladas como las mejores obras existencialistas de los autores europeos de la primera mitad del siglo XX.

Voilà, a disfrutarla entonces.


Marco Villafuerte, Warika the Poe. Febrero de 2008

COMA BLANCO A PARTIR DE LA PROXIMA SEMANA

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